Cuando yo pensaba sobre el tema para esta entrada, se me ocurrió: la parada del autobús 47. Cuando yo trabajaba en Nueva York, tenía que tomar el autobús muchas veces cada día. En general, yo usaba el autobús 47 (el 47) más que los otros porque tenía clientes que vivían muy cerca del 47. Pero, había un problema con eso. El 47 nunca llegaba a tiempo. Muchas veces, el 47 no llegaba por veinte o treinta minutos y yo tenía que esperar. Entonces, yo tengo una memoria rica de este lugar.
La parada estaba en Brownsville, un barrio de Brooklyn. Debajo de unos andamios, yo esperaba el 47. Nunca había un día cuando la espera estaba cómoda. En el invierno, el viento áspero recorría la parada. En el verano, cuando Nueva York estaba insoportablemente calorosa, yo tenía mucho calor. Todo el tiempo, la parada estaba sucia. Eran algunas cajas cerca de la parada, y todo el tiempo las cajas estaban lleno con basura. Por esta razón, mi parada olía como un vertedero para basura, y parecía como un lugar de mala muerte también. En el verano, la parada olía peor.
Cuando yo estaba esperando el 47, yo hacía tres cosas. Usualmente, leía. Otras veces, yo miraba las personas en la calle. Hacía muchas tiendas cerca de mi parada, entonces yo miraba las personas que trabajaban allí o que hacían compras. Finalmente, yo miraba el tráfico. Yo miraba con optimismo los semáforos que cambiaban.
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